miércoles, junio 10, 2009

Votá el único FRENTE DE IZQUIERDA y de los Trabajadores. Anticapitalista y socialista.

Durante meses de campaña electoral
se discutieron cuestiones secundarias,
como las candidaturas
“testimoniales”, como si todo el
sistema electoral no fuera un engaño.
Pero de pronto, la discusión
sobre las nacionalizaciones ayudó
a poner las cosas en orden. Y se
comenzaron a clarifican los problemas
de fondo.
Un debate sobre modelos
El modelo que permitió un crecimiento
sostenido durante más de 5
años se agotó. Comenzó un momento
diferente en el país, de la mano de
los inicios de la crisis económica
mundial. El conflicto del campo en
2008 lo expresó de manera distorsionada.
Estas elecciones recogen en
parte el resultado de ese conflicto.
De un lado, el gobierno que, aceptando
la necesidad de determinados
cambios, intenta mantener en lo
esencial su modelo basado en la producción
industrial y un equilibrio
entre el mercado interno y la exportación,
manteniendo en lo posible
los superávit fiscal y comercial con
medidas de tipo proteccionista en
defensa de la industria, con un dólar
que vaya aumentando de modo
gradual. Con un tipo de intervención
estatal activa en la economía, e
incluso realizando determinadas nacionalizaciones
(como las AFJP).
Para sostener todo eso hace pie
en el control del PJ y sus acuerdos
con la CGT y Moyano como sostén
central del gobierno.
Del otro, la oposición patronal del
campo, buscando un cambio en las
condiciones económicas (de carácter
más liberal) e intentando que una
caída electoral fuerte del gobierno
le diera una mayoría parlamentaria a
través de la cual ir imponiendo los
cambios económicos e institucionales.
Sin embargo, esta oposición no
había encontrado un modelo económico
global y unificado para oponer
al del gobierno.
Hasta ahora, la Unión Industrial,
aún con críticas, seguía apostando
a las propuestas del gobierno.
El peso de las encuestas
Durante estos meses, los grandes
medios de difusión opositores, el
campo, los partidos no oficialistas,
estuvieron haciendo un gran esfuerzo
por fortalecer un polo opositor
claro. Sin embargo, no lo han logrado
y todo indica que no lo lograrán
en las urnas.
Es cierto que el gobierno retrocederá
mucho (se calcula que tendrá
un 10% menos de votos que en el
2007, de un 45% bajará al 35% nacional).
Y casi seguro perderá en 5
de los 6 distritos electorales más
grandes (Capital, Santa Fé, Córdoba,
Mendoza, Entre Ríos).
Pero ese retroceso no podrá ser
capitalizado claramente por ningún
sector opositor. Kirchner logrará
una diferencia relativamente importante
en Buenos Aires, y por esa vía
relativizará su pérdida.
El PRO, con peleas internas, solo
podrá contabilizar el triunfo en Capital
y un segundo puesto en Buenos
Aires.
La Coalición-UCR-socialistas,
con extensión nacional, mejorará su
votación, ganará posiblemente en
Entre Ríos, pero sin lograr ubicarse
como alternativa. Y Reutemann en
Santa Fé, Cobos en Mendoza, Juez
en Córdoba, no pueden contarse
como parte de las coaliciones opositoras
nacionales.
La conclusión es que el kirchnerismo
seguirá siendo la principal
fuerza nacional. Aún en retroceso,
todo indica que Cristina tendrá crédito
para sostener su gobierno.
Si esto es así, el intento de los sectores
patronales opositores de imponer
los cambios en el modelo a través
de una mayoría parlamentaria no
tiene muchas posibilidades. Y solo
queda presionar al gobierno y obligarlo
a que él mismo los realice.
Un nuevo agrupamiento
Las nacionalizaciones de Chávez
dieron la excusa justa. Los dueños
de Techint comenzaron una campaña
contra los abusos venezolanos.
Pero el verdadero destinatario es el
gobierno argentino.
El conjunto de las patronales fueron
a un frente único para denunciar
el peligro de una “chavización”
del kirchnerismo. Tienen una bronca
grande por el nombramiento de
representantes obreros en el directorio
de las empresas con participación
accionaria del ANSES.
En los hechos, están intentando
unirse alrededor de un proyecto
nuevo, un nuevo modelo que pueda
contener desde el campo hasta
las patronales financieras, con eje
en la burguesía industrial. La UIA
ya está pidiendo un aumento abrupto
del dólar para después de las elecciones.
Y Paolo Rocca se puso en el centro
de este agrupamiento. El objetivo
es constituir un polo de poder
para imponer al gobierno después
de las elecciones una serie de cambios
en la política económica y frenar
toda posibilidad de nuevas acciones.
Es decir, estas elecciones y lo que
ocurre en torno a ellas está expresando
la puja entre diferentes proyectos
patronales para encarar la crisis
durante los próximos dos años.
Dos modelos antiobreros
Son proyectos distintos, e incluso
enfrentados en algunos sentidos. Sin
embargo, son dos modelos contrarios
a los intereses de los trabajadores.
Ambos intentarán, de un modo u
otro, que la crisis la paguemos los
trabajadores. Ambos mantendrán,
en lo esencial, el saqueo de las multinacionales
sobre los recursos mineros,
energéticos, agropecuarios y
de todas las riquezas. Ambos continuarán
pagando la deuda externa,
deteriorando la salud y educación
pública. Son modelos de ajuste al
pueblo.
Aunque diferentes, ninguno es
un modelo de independencia, sino
de sumisión a los poderes económicos
internacionales.
Frente a estos modelos patronales
y proimperialistas necesitamos
un modelo distinto, opuesto. Un
modelo de los trabajadores y el pueblo
para que la crisis la paguen los
capitalistas.
Y al servicio de explicar ese modelo,
con un programa socialista y
por la Segunda y definitiva independencia,
es que tenemos que participar
en estas elecciones.

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